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¿Qué significa amén?

Amén es una palabra hebrea que significa “así es”, “es verdad” o “así sea”. Viene de una raíz que habla de algo firme y digno de confianza. Cuando dices amén al final de una oración, estás diciendo: “Sí, lo creo, y lo dejo en manos de Dios”.

Los cristianos decimos amén tantas veces que es fácil decirlo sin pensar. Cerramos con él nuestras oraciones, lo cantamos al final de los himnos y a veces lo decimos en voz alta cuando el predicador dice algo cierto. Es además una de las pocas palabras que llegaron al español casi sin cambios desde el hebreo, pasando por el griego y el latín. Saber de dónde viene puede cambiar la manera en que lo dices.

¿Qué significa amén en hebreo?

En hebreo la palabra es ’āmēn. Viene de la raíz ’mn, que tiene que ver con ser firme, estable, seguro. De esa misma raíz salen palabras que hablan de fidelidad y de confianza. Una de ellas es el verbo de Génesis 15:6: “Y creyó a Jehová, y contóselo por justicia”. Creer, en ese sentido, es apoyar todo tu peso en algo que no se va a caer.

Por eso, quien dice amén está diciendo algo como “eso es verdad” o “que así sea”. Un ejemplo claro aparece en 1 Reyes 1, cuando el rey David anuncia que Salomón reinará después de él. Uno de sus hombres responde:

Entonces Benaía hijo de Joiada respondió al rey, y dijo: Amén. Así lo diga Jehová, Dios de mi señor el rey.

1 Reyes 1:36

Benaía está de acuerdo con lo que se dijo y le pide a Dios que lo confirme.

En Isaías 65:16, la expresión que la Reina-Valera traduce “el Dios de verdad” usa en hebreo esta misma palabra. Dios mismo es el que es firme y verdadero.

El amén en el Antiguo Testamento

En el Antiguo Testamento, amén casi siempre es una respuesta. Alguien habla y el pueblo contesta. En Deuteronomio 27, Moisés manda a los levitas pronunciar una serie de maldiciones sobre pecados como hacer ídolos en secreto, y después de cada una la indicación es la misma: “Y todo el pueblo responderá y dirá: Amén” (Deuteronomio 27:15). Al decirlo, el pueblo aceptaba la ley de Dios y se ponía bajo ella.

Siglos después, cuando los desterrados volvieron a Jerusalén, el escriba Esdras se puso de pie para leerle la ley al pueblo.

Bendijo entonces Esdras a Jehová, Dios grande. Y todo el pueblo respondió, ¡Amén! ¡Amén! alzando sus manos; y humilláronse, y adoraron a Jehová inclinados a tierra.

Nehemías 8:6

Los Salmos también lo usan. Así termina el Salmo 41:

Bendito sea Jehová, el Dios de Israel, por siglos de siglos. Amén y Amén.

Salmos 41:13

El libro de los Salmos está dividido en cinco partes, y el Salmo 41 cierra la primera. Los Salmos 72 y 89 cierran sus partes también con “Amén y Amén”, y el Salmo 106 termina: “y diga todo el pueblo, Amén. Aleluya” (Salmos 106:48). En cada caso el pueblo toma una palabra de alabanza y la hace suya.

¿Por qué Jesús decía “de cierto os digo”?

Por lo general, en la Biblia el amén viene después de que algo se ha dicho. Jesús muchas veces lo decía primero, antes de sus propias palabras. Cuando lees “De cierto os digo” en la Reina-Valera, el griego que está detrás casi siempre empieza con amēn, la misma palabra hebrea escrita con letras griegas.

Porque de cierto os digo, que hasta que perezca el cielo y la tierra, ni una jota ni un tilde perecerá de la ley, hasta que todas las cosas sean hechas.

Mateo 5:18

Ese “de cierto” es el amén de Jesús. En el Evangelio de Juan lo repite dos veces, y por eso leemos:

Respondió Jesús, y díjole: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere otra vez, no puede ver el reino de Dios.

Juan 3:3

Jesús respaldaba sus palabras antes de decirlas, con la autoridad de quien sabía que eran verdad. Nadie tenía que confirmar lo que Él decía. Él mismo lo garantizaba.

Jesús, el Amén

El Nuevo Testamento va más lejos y usa Amén como un nombre de Jesús. En Apocalipsis, Cristo resucitado le habla a la iglesia de Laodicea:

Y escribe al ángel de la iglesia en Laodicea: He aquí dice el Amén, el testigo fiel y verdadero, el principio de la creación de Dios:

Apocalipsis 3:14

Se le llama el Amén porque es completamente digno de confianza. Todo lo que Dios ha prometido encuentra su “sí” en Él. Pablo lo dice así:

Porque todas las promesas de Dios son en él Sí, y en él Amén, por nosotros a gloria de Dios.

2 Corintios 1:20

Dios hace promesas, y Jesús es la prueba de que las cumple. Cuando decimos amén, nos ponemos de acuerdo con Dios por medio de Jesús. Muchos cristianos terminan sus oraciones “en el nombre de Jesús, amén”, y este versículo muestra por qué las dos cosas van tan bien juntas.

¿Por qué decimos amén al final de la oración?

Al final de una oración, amén quiere decir algo como “Sí. Lo digo en serio. Te lo confío”. Es una palabra corta de fe. Acabas de contarle a Dios lo que tienes en el corazón, y ahora lo dejas con Él. Si lo que cargas es preocupación, puede ayudarte leer estos versículos para la ansiedad antes de orar.

Cuando otra persona ora en voz alta y tú dices amén, haces tuya su oración. La iglesia primitiva lo hacía así. Pablo les pide a los corintios que oren con palabras que todos entiendan, porque si no, “¿cómo dirá amén a tu acción de gracias? pues no sabe lo que has dicho” (1 Corintios 14:16). El amén tenía que salir de entender y estar de acuerdo.

En la Reina-Valera, el Padre Nuestro de Mateo termina con amén: “porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén” (Mateo 6:13). Muchas traducciones modernas dejan esa última línea fuera del texto principal, porque no aparece en varios de los manuscritos más antiguos. Aun así, los cristianos la siguen orando. Puedes leer más en El Padre Nuestro explicado.

¿Por qué decir amén en voz alta?

En la Biblia, el amén casi siempre se dice en voz alta. Frases como “Y dijo todo el pueblo, Amén” (1 Crónicas 16:36) aparecen una y otra vez. No tiene nada de malo orar en silencio, y Dios escucha esas oraciones igual. Pero usar tu voz tiene su valor.

Decir amén en voz alta es un pequeño acto de compromiso, porque te escuchas a ti mismo estar de acuerdo con Dios. Si tu mente se distrajo mientras orabas, te trae de vuelta en ese último momento. También marca un final: puedes levantarte y empezar tu día, o acostarte a dormir, sabiendo que de verdad entregaste las cosas.

En cuanto a la pronunciación, en español no hay duda: “a-MÉN”, con el acento en la última sílaba, como lo marca la tilde. En inglés se oye “AY-men” o “AH-men”, pero la palabra es la misma y quiere decir lo mismo en cualquier idioma: es verdad, que así sea.

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Las citas bíblicas son de la Reina-Valera 1909, de dominio público.

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